El sonido de la frontera que encantó Madrid

RAMÓN AMEZCUA Y PEPE MOGT

Fundadores de Nortec

Hay entrevistas que terminan pareciéndose más a una sobremesa entre amigos. Así fue la conversación con Ramón Amezcua y Pepe Mogt en Madrid, rodeados de tequila, mezcal y una cerveza Colimita, hablando de identidad, música y de ese México que siempre encuentra la forma de hacerse presente, incluso lejos de casa.

Porque hablar de Nortec no es solo hablar de música; es hablar de la frontera como un territorio de encuentros. A finales de los noventa, cuando nadie imaginaba que la electrónica podía convivir con los acordeones y las tamboras de la música norteña, ellos apostaron por una idea que cambiaría la forma de entender la música mexicana.

"No queríamos hacerlo porque sonara chistoso o kitsch. Queríamos deconstruir esos sonidos y darles la seriedad que merecían", recuerda Pepe Mogt.

Lo que comenzó como un experimento artístico terminó convirtiéndose en la voz de Tijuana. Una ciudad híbrida, compleja y fronteriza que necesitaba un sonido propio. Con apenas unas cuantas canciones llegaron a escenarios como Coachella y, sin proponérselo, abrieron un camino que hoy parece natural, pero que entonces rompía todos los prejuicios.

Para Ramón Amezcua, Nortec también derribó otra frontera: la cultural. Mezclar electrónica con música regional mexicana era impensable en aquellos años, pero demostraron que la tradición y la innovación podían convivir y dialogar.

Más de veinticinco años después, ese mismo espíritu los trae de vuelta a Madrid, donde una comunidad mexicana cada vez más grande los recibe como parte de su historia. Hoy México ya no solo se escucha en los conciertos; también se vive en los restaurantes, los destilados y los espacios culturales que han convertido a la capital española en un punto de encuentro para quienes añoran su país.

Al despedirnos, entre brindis y recuerdos, queda claro que Nortec sigue representando lo mismo que hace más de dos décadas: la capacidad de unir mundos aparentemente opuestos y demostrar que, por más muros que existan, hay fronteras que desaparecen en cuanto empieza a sonar la música

"LA FRONTERA ESTÁ AHÍ FÍSICAMENTE, PERO CULTURALMENTE MUCHAS VECES NUNCA EXISTIÓ." Ramón amezcua